Los judíos mantienen una fe inquebrantable en el monoteísmo, que es la creencia en la existencia de un único y verdadero Di-s. Descartan categóricamente cualquier noción de trinidades o dualismos, puesto que la tradición y la ley dictada por Di-s mismo afirma que Hashem (Di-s) es el único creador de todo cuanto existe: desde las inmensas galaxias y sus planetas hasta las partículas más ínfimas, como los átomos.
Además, se considera que toda existencia es una manifestación de Su bondad divina, abarcando tanto lo visible como lo invisible y lo comprensible como lo incomprensible.
El monoteísmo judío conlleva el reconocimiento de la singularidad de Di-s y la negación de cualquier deidad menor, sean dioses del sol, de la lluvia, de la guerra o del amor.
En el judaísmo se sostiene que todas las fuerzas de la naturaleza y cada aspecto de la vida humana son manifestaciones de la voluntad de Hashem. Incluso aquello que se percibe como experiencias adversas o desafortunadas se entiende como originadas por esa única entidad que impregna toda la existencia.
Es crucial subrayar que, según las enseñanzas judías, los no judíos también están sujetos a la prohibición de la idolatría. Esto implica que no deben limitar a Di-s ni venerar a otros dioses o ídolos. La adoración debe dirigirse únicamente hacia la divinidad suprema, sin atribuir poder o santidad a figuras menores o representaciones físicas.
Además, la concepción judía de Di-s no se limita a un ser que solo ama a los creyentes y condena a los impíos; más bien, se trata de una universal que trasciende las particularidades de cualquier credo, siendo el Di-s de toda la humanidad, no de una fe específica.
Más aún, se enseña que es posible establecer un vínculo directo con Hashem. No siendo necesario recurrir a intermediarios, como sacerdotes o santos, para comunicarse con Di-s; se puede dirigir a Él directamente.
Por otro lado, el judaísmo rechaza la idea de que sean necesarios los sacrificios humanos, invocaciones o cualquier otra forma de culto que implique prácticas éticamente cuestionables.
Por lo que se promueve un culto basado en principios y comportamientos morales, sin recurrir a rituales que atenten contra la vida o la dignidad humana.
Luego, la creencia en la omnipresencia de Di-s es central en el judaísmo, sosteniendo que Él está presente en todo lugar simultáneamente, pero de una manera no física.
Es crucial aclarar que para el monoteísmo, cuando se habla de la presencia de Di-s, no se alude a una existencia material, pues Di-s no posee forma física ni está restringido por las características humanas. (ver articulo al respecto)
No es un ser humano ni debe ser concebido como un espíritu, dado que atribuirle la cualidad de espíritu implicaría imponer límites a su naturaleza infinita, lo cual es incongruente con el estricto monoteísmo que practican los judíos.
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